A menudo pensamos en la arquitectura como algo tangible: muros, suelos y techos. Sin embargo, el material de construcción más valioso es gratuito y etéreo: la luz. Un buen diseño arquitectónico no solo busca «iluminar» una habitación, sino modelar el espacio y el estado de ánimo de quienes lo habitan.
En nuestro estudio, proyectamos cada apertura analizando el recorrido del sol para:
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Ampliar espacios: Una entrada de luz cenital puede hacer que una estancia pequeña se sienta infinita.
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Eficiencia energética: Reducir el uso de luz artificial y aprovechar el calor natural en invierno.
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Bienestar: La conexión con el ciclo circadiano mejora el descanso y la productividad.
La arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz.
